Venezuela y Puerto Rico: entre el alivio inmediato y la pérdida silenciosa de soberanía. Un paralelo incómodo sobre poder, dependencia e intereses estratégicos.
Después de años de dictadura, miseria y violaciones sistemáticas de derechos humanos, es comprensible que muchos venezolanos vean con alivio cualquier cambio que rompa con ese pasado. Sin embargo, la historia demuestra que no todos los “rescates” traen libertad real. Este artículo analiza el paralelo entre Venezuela y Puerto Rico para reflexionar sobre si la influencia de Estados Unidos representa una solución duradera o una nueva forma de dependencia. No se trata de negar el alivio, sino de mirar el futuro.
Puerto Rico: un antecedente que no puede ignorarse
Puerto Rico suele generar confusión, y por eso conviene aclararlo desde el inicio. No es un país independiente ni un estado de Estados Unidos, sino una isla del Caribe bajo soberanía estadounidense. Sus habitantes tienen ciudadanía de EE. UU., usan el dólar y están sujetos a sus leyes federales, pero no eligen presidente ni cuentan con soberanía plena para decidir su modelo político y económico. Justamente por esa condición ambigua —beneficios materiales sin autodeterminación real— Puerto Rico resulta un antecedente clave para reflexionar sobre las formas modernas de dependencia.
Ahora bien, Puerto Rico llegó a manos de Estados Unidos por una vía distinta: una guerra, un tratado y más de un siglo de decisiones tomadas desde afuera.
Hoy, Puerto Rico:
• No es un país independiente
• No elige presidente
• No tiene soberanía plena
• No decide libremente su modelo económico ni político
Venezuela no llegó a esta situación como Puerto Rico. No fue una cesión territorial ni una colonia formal. Pero la consecuencia puede ser parecida:
un país que, aunque conserve símbolos de soberanía, pierde el control real sobre sus decisiones más importantes .
Cuando un país depende de otro para:
• Su estabilidad política
• Su recuperación económica
• El manejo de sus recursos estratégicos
El petróleo, los recursos naturales, la posición geopolítica. Nada de eso pasa desapercibido. En la historia, los países ricos en recursos rara vez deciden solo su destino cuando entran en juego de intereses externos.
¿Influencia extranjera o dictadura? El dilema real
Muchos dirán —y no sin razón— que es mejor estar bajo la influencia o incluso la manipulación de Estados Unidos que seguir viviendo bajo una dictadura interna. Ese argumento tiene peso, sobre todo para quienes han sufrido hambre, persecución y exilio. Pero esa comparación no debería cerrarse tan rápido.
La pregunta no es solo qué es mejor hoy, sino qué deja más posibilidades de libertad mañana, porque una cosa es salir de una dictadura, y otra muy distinta es recuperar la capacidad de decidir como país.
La historia muestra que cuando un país pierde esa capacidad:
• Los pobres suelen seguir siendo pobres
• Las élites — locales o extranjeras — se enriquecen más
• Las decisiones clave se toman lejos de la gente
Reflexión final
Este análisis no niega el sufrimiento del pueblo venezolano ni romantiza la dictadura que los llevó a ese punto.
Lo que plantea es algo más incómodo: que no toda salida garantiza libertad, y que la influencia de una potencia extranjera, aunque parezca salvadora, también tiene un precio político y social.
Solo el tiempo dirá qué fue mejor para Venezuela.
Pero la historia —especialmente la de Puerto Rico— nos recuerda que cuando un país deja de decidir por sí mismo, recuperarlo es mucho más difícil que perderlo.
Es importante decirlo con claridad: no estar en contra de lo que pasó en Venezuela no significa cerrar los ojos ante lo que viene. Después de años de represión, hambre, migración forzada y condiciones inhumanas, muchos venezolanos merecían un respiro. Merecían que algo cambiara. Merecían salir de una dictadura que destruyó el país desde adentro.
Para muchas personas que han vivido esta historia de terror, cualquier alternativa parece mejor que continúe bajo el mismo régimen. Incluso aceptar una influencia externa puede sentirse, al menos en el corto plazo, como una mejora frente al sufrimiento constante.
Pero el análisis político no puede quedarse solo en el alivio inmediato. También debe preguntarse: ¿a qué costo?
Y aún así, muchos lo presentan como un “caso exitoso” por usar el dólar, tener ciudadanía estadounidense y acceder a ciertos beneficios. La realidad es más compleja.
Puerto Rico no es un país rico, pese a dependiente de la economía más poderosa del mundo. Tiene altos niveles de endeudamiento, migración masiva y una autonomía política profundamente limitada. La dependencia económica no lo volvió próspero, solo lo volvió dependiente. Ese es el punto central del paralelo.
Venezuela: ¿un camino distinto o el mismo destino?
La independencia se vuelve frágil, incluso si formalmente sigue existiendo.
Y aquí entra un elemento clave: las riquezas de Venezuela.
Y aunque haya mejoras visibles frente al horror anterior, la desigualdad se profundiza y la soberanía se diluye. El tiempo dará la respuesta.
Tal vez, para muchos venezolanos, valga la pena el intercambio: menos represión a cambio de menos independencia. Tal vez los beneficios materiales, la estabilidad y la seguridad sean suficientes después de tanto dolor, o tal vez, con el tiempo, se confirma que el remedio no fue tan distinto de la enfermedad, solo más silencioso, más sofisticado y menos evidente.
Lo cierto es que Venezuela difícilmente volverá a ser el país libre que fue hace décadas, porque demasiados intereses están puestos sobre ella.
Todos quieren algo de sus riquezas. Pocos parecen interesados en su autodeterminación real.

Cuando los huracanes Irma y María azotaron Puerto Rico en el año 2017, el mismo personaje que ahora Gobierna el hemisferio occidental nego las ayudas económicas a su estado cliente y más aún nego las muertes por entonces en la red social Twitter, diciendo que no eran 3000 sino 18 o menos los muertos. Artistas como Ricky Martin y Bad Bunny entre otros tuvieron que hacer conciertos y donaciones para la reconstrucción de la Isla 🏝️.Nada bueno deja EEUU por donde pasa. Otro caso es el de Cuba, que pidió ayuda a EEUU para su independencia del reino de España y por poco termina siendo otro estado cliente no estado directo de Estados Unidos. Colombia, con la masacre de las bananeras , y la pérdida de Panamá, otro triste ejemplo. La libertad no está en el socialismo para este tema sino en ser capitalistas sociales como lo es China una izquierda moderada, alejándonos de las esferas de los yanquies pero dejando en claro el orgullo, el amor por la patria y nuestras diferencias. Lamentablemente este cambio que ofrecía este presidente nos salió Chimbo. Y muchos se refugian en dicha colectividad. El tema es no ser enemigo de está potencia pero tampoco amigo, que el beneficio comercial nos haga crecer y no la explotación o TLCs, mal hechos así como gobiernos títeres que como el de la masacre de las bananeras permitió que se derramará sangre de nuestros compatriotas por una bendita compañía llamada United Fruit Company, intereses gringos sobre los de un país y sus trabajadores
ResponderBorrarMe encanta todos esos dato y me encanta aun mas que literal lo que dices con todas esas comparaciones que nos permiten ver mas allá de lo que pasa con Trump y Venezuela, es precisamente eso que comentas, los Estados Unidos se quieren apropiar de todo prácticamente para que los países de los cuales se apoderan se vuelvan como el patio trasero de su casa y es algo que claramente como latinoamericanos no debemos permitir porque como en el caso de Puerto Rico que depende de la economía de Estados Unidos mas que enriquecerlo los únicos que a la final se enriquecen son estas potencias mundiales y si, me encanta y concuerdo contigo en como concluyes el tema, no se trata de ser enemigos de Estados Unidos pero tampoco amigos considero que se debe mantener una relación completamente cordial y en lo básico. Mil gracias tus aportaciones y por apoyarme.
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